Esta es nuestra última revista antes de que empiecen los días de Navidad, y como todos ya sabemos qué significa la Navidad o deberíamos saberlo, aprovecho  para reflexionar sobre la parte de alegría y de tristeza que supone la Navidad, sobre todo para las personas mayores o muy mayores.

La madre de una amiga que tiene ochenta y muchos años me comentaba que por ella se acostaría el día 23 y se volvería a despertar el día 7 de enero. La recriminamos un poco su negatividad, pero, como para mí la Navidad tiene también esa parte de alegría y tristeza, entiendo perfectamente ese pensamiento en una persona mayor, con muchos achaques, para la que levantarse cada día es casi una heroicidad. Para una persona que no sabe si va a ser la última Navidad que pase. Para una persona para la que simplemente tener que preparar cena en casa, aunque le ayuden sus hijos, es un esfuerzo ímprobo, como también los es la opción de tener que salir de casa, porque ya no tiene casi fuerzas para nada.

Estaba escuchando antes de ayer un programa hablando de la huelga en Francia por la reforma  de las pensiones y, aunque la edad que ahora se quiere cambiar parece es muy temprana comparándola con otros países, decían que lo importante no es llegar a la jubilación, sino llegar a una edad que todavía estés activo, con fuerzas para poder hacer lo que siempre quisiste hacer y que no has podido hacer hasta ese momento. Llegar con salud suficiente porque, por mucho que te llegue el retiro dorado, si el dinero y, sobre todo la salud, no te acompañan, la jubilación pierde un poco su sentido.

Ahora nos estamos permeando de la corriente que va en pos de apoyar más a la gente a partir de los 60 o 65 años, que todavía suelen tener buena salud y es un nicho de mercado nada despreciable, y me parece estupendo, porque es verdad que es una etapa ciertamente olvidada, como también hemos comentado muchas veces en nuestras entradas.

Pero me gustaría más referirme a esas personas que sí que se encuentran en esa etapa última de la vida. Donde ya sí que sabes y eres consciente de que el final está cerca. Donde las personas suelen tener  enfermedades y necesitar ayuda. Donde los afortunados que tienen plena capacidad de discernir se dan cuenta de que, por mucho que quieran, les fallan las fuerzas y ya no puedan,  no ya hacer lo que hacían antes, sino ni siquiera tomar sus propias decisiones, y tienen que amoldarse a lo que decidan otros por ellos, que son, en el mejor de los casos, los hijos, y en el peor, terceros ajenos. Donde, sobre todo las mujeres, aunque su marido haya tenido la  pensión máxima española, se quedan con un porcentaje que a duras penas da para poder pagar a una persona de confianza el tiempo necesario, y ya vemos lo que pasa a diario y los abusos que se producen con las personas mayores. Donde habría que tener especial tacto y cuidado para hacer ese camino lo más fácil y humano posible, dentro de su mucha dificultad.

En esta etapa, también las viudas de esos presuntos privilegiados con pensión máxima que, aunque no han trabajado fuera o no han cotizado por ellas, han trabajado muchísimo dentro de casa atendiendo a su familia y en condiciones mucho menos favorables que ahora, pero que, como están en ese famoso medio del que hablamos en otra de nuestras entradas, tienen que buscarse la vida como pueden con esa pensión que les queda y sin ayuda del estado porque pertenecen a los presuntos tocados por la varita mágica. En este caso pagar a una persona les deja prácticamente sin dinero para pagar el resto de las cosas, muchas de ellas ayudando todavía a sus hijos o hijas que, en esa edad también media, se han quedado en el paro, con suficiente talento y capacidad, pero a los que las empresas no quieren contratar.

Yo creo que ya está bien de buenismos vacíos de contenido. Debemos buscar fórmulas para ayudar a todos esos mayores que luchan día a día por levantarse, sin casi fuerzas para ello. A todos aquellas, sobre todo viudas, que, no habiendo parado de trabajar toda su vida, ahora tendrían que disfrutar de la misma pensión que tenían sus maridos puesto que han contribuido con todo su trabajo y su tesón cuidando de padres, hijos, hermanos…,  para que las cosas funcionaran.

Aprovechemos la Navidad para darnos cuenta que, en todos, pero especialmente en viudas de todo tipo, pero también las viudas del medio, necesitan ayuda y una gestión eficaz, humanizada y perfectamente controlada de este proceso. Y que dentro de ellas también están esas de en medio sobre las que se producen flagrantes injusticias, y que, al igual que la clase media acaba manteniendo el sistema, y eso está bien, porque para eso están los sistemas basados en la solidaridad, eso no significa que o bien nos olvidemos o bien nos cebemos en ese medio que, desde que lo hemos perdido, en todos los ámbitos, muchas cosas funcionan cada vez peor.

La Navidad, además de vacaciones y disfrute, tiene que servirnos para reflexionar sobre muchas cosas y entre ellas sobre los mayores. Arbitremos fórmulas y caminos donde no siempre sacrificar a los del medio sea la solución.

¡Feliz Navidad a todos!