Nieves Álvarez disfrutó de una vida segura y acomodada, dentro de un matrimonio burgués y feliz. Cuando la guerra arruinó el negocio familiar, mató a uno de sus hijos y, poco después, la dejó viuda, decidió luchar para levantar lo que la guerra había destruido. Y lo consiguió.
María de las Nieves Álvarez nació en Lerma (Burgos) en 1760. Era hija de Julián Álvarez y de Agustina Páramo. A los veintiséis años se casó con Livinio Stuyck, un maestro tapicero procedente de Amberes.
Cuando Felipe V accedió al trono, no existían en España industrias que realizaran objetos suntuarios para embellecer palacios y mansiones. Se crearon varias Reales Fábricas, de las que solo ha sobrevivido la Real Fábrica de Tapices de Santa Bárbara, en Madrid. En 1720, el prestigioso tapicero flamenco Jacobo Vandergoten se instaló en Madrid. Antes, y para impedir que se llevara los secretos de la elaboración de tapices, las autoridades flamencas lo habían encerrado en la prisión del castillo de Amberes, cuando se enteraron de su decisión de trasladarse a España con su mujer y sus seis hijos. Los Vandergoten consiguieron que Francisco de Goya, José del Castillo y Francisco Bayeu pintaran cartones para tapices. La Fábrica era una empresa de la corona, que se gestionaba de manera privada.
Livinio continuó la tradición de sus tíos abuelos, que habían sido directores de esta Real Fábrica. Cuando su tío Cornelio Vandergoten murió en 1786, Livinio fue nombrado director e inició la saga de los Stuyck.
El matrimonio entre Nieves y Livinio fue feliz. Según las historiadoras Florentina y Benicia Vidal Galache, constituyeron una familia acomodada de la incipiente burguesía madrileña. De sus ocho hijos, seis llegaron a adultos: dos mujeres: María Ana y Antonia, y cuatro varones: Gabino, Juan, Livinio y José.
Durante la dirección de Livinio, la Real Fábrica de Tapices se convirtió en un próspero negocio, famoso por la calidad y belleza de sus productos. La familia adquirió elegantes muebles y enseres para su casa situada en la Fábrica. Nieves vivía cómodamente y con cierto lujo. El matrimonio desigual de su hijo mayor, Gabino, con Mariana Martínez, a la que Livinio rechazó conocer, supuso un disgusto para la familia que con el tiempo se olvidó.
Nieves compaginaba su labor como madre con las actividades públicas relacionadas con los cargos de su marido: alcalde de la Santa y Real Hermandad de Labradores y Hombres Buenos de la Villa y, más tarde, alcalde de barrio. También colaboraban con el Hospital de San Andrés de los Flamencos, de cuya Real Diputación formaba parte Livinio. En cuanto a sus hijos, ejercieron diversos cargos en el Real Oficio de Tapicería.
Este bienestar desapareció completamente por la trágica invasión napoleónica de 1808. En un primer momento, la familia intentó mantener la Fábrica en funcionamiento y permaneció en su domicilio, ya que estaban situados extramuros, en el Olivar de Atocha. Tras la rendición de Madrid, decidieron que era más seguro refugiarse dentro de la ciudad. Cuando regresaron, comprobaron que los soldados de Napoleón habían destrozado la fábrica y arrasado su hogar. Livinio se quejó al nuevo rey José Bonaparte y consiguió que le asignara doce mil reales de vellón mensuales para que la Real Fábrica, de la que dependían muchas familias, pudiera volver a funcionar.
Durante la guerra de la Independencia murió uno de los hijos, Juan Stuyck, coronel de Dragones. En 1813 acusaron a Lavinio de colaborar con el Empecinado y el cura Merino, dos de los guerrilleros más temidos por los invasores, y fue encarcelado. Cuando los franceses abandonaron Madrid, tras la derrota de los Arapiles, fue liberado.
En reconocimiento a su lealtad, Fernando VII les concedió ayuda económica y algún nombramiento para los hijos en palacio. Pero después de casi cinco años de guerra brutal, la economía española se había debilitado enormemente y la Real Fábrica de Tapices lo acusó. Cuando murió Livinio Stuyck en 1817, a los sesenta y tres años, el negocio estaba en una situación muy difícil.
Nieves pidió audiencia a Fernando VII y le planteó lo que en su tiempo era algo insólito: Aunque tenía hijos varones adultos y aunque el mayor, Gabino, estaba perfectamente capacitado para llevar el negocio, ella quería dirigir personalmente la Fábrica y sacarla adelante. El monarca accedió. Por Real Orden de 13 de julio, María de la Nieves Álvarez fue nombrada directora de una de las industrias madrileñas más importantes.
Con 57 años y con la limitada educación que se daba a las mujeres, Nieves buscó y aceptó el desafío de levantar una empresa casi en ruinas y de asegurar el trabajo y el sustento de muchas familias, entre ellas la suya.
Los años siguientes fueron muy difíciles. Nieves demostró inteligencia, visión empresarial y gran capacidad de trabajo. Una de las acertadas decisiones que tomó fue proponer a la Corona que la asignación mensual que el Rey destinaba a la Fábrica a cuenta de futuros encargos, se redujera a la mitad, a cambio de tener libertad para atender encargos particulares.
Su vida familiar, sin embargo, le trajo disgustos. Su yerno, Manuel Alejo Gómez Meneses, marido de su hija María Ana, la sometió a un duro acoso económico. Rechazaba que su suegra dirigiera la empresa. Fue su hijo mayor, Gabino, quien se convirtió en su gran apoyo. Para ayudarla en la gestión del negocio, se trasladó con su familia a vivir con ella. En un memorial de 1728, María de las Nieves informaba al monarca de que “su hijo mayor estaba plenamente capacitado para dirigir la fábrica, cosa que venía haciendo desde que su salud empezó a declinar“.
El 2 de abril de 1828, Nieves, ya muy enferma, otorgó testamento a favor de sus hijos: Gabino, María Ana, Antonia, Livinio y José, y de su nieto Juan, hijo del fallecido en la guerra. Dejaba mandas para sus hermanos, Vicenta, Nicolás y Julián, sobrinos y sirvientes, y palabras de agradecimiento para Gabino, por su trabajo y generosidad. Murió con 68 años y había conseguido recuperar el negocio.
Uno de sus descendientes, llamado también Livinio Stuyck, dirigió hasta 2002 la Real Fábrica de Tapices.
Más información, en la Real Academia de la Historia y en dos artículos de ABC.

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