He vuelto a ver “You´re not you”, una película de 2004 traducida como “Nunca me dejes sola”. Es una película profundamente triste y, a la vez, alentadora sobre el apoyo, la solidaridad y el cariño entre mujeres. En ella hay dos protagonistas femeninas, Hillary Swank (Kate), una mujer con una vida estupenda y un marido muy atractivo, a la que la diagnostican esclerosis lateral amiotrófica y Emmy Rossum (Bec), una estudiante universitaria metida en una relación con un profesor universitario casado, que le está haciendo perder su autoestima.
Cuando Kate empieza a enfermar y su marido empieza a buscar alguien que le ayude en sus actos cotidianos, llega Bec. Kate ve algo diferente en ella que hace que quiera tenerla como cuidadora. Es bonito ver como refleja la película, que dos mujeres tan distintas, acaben teniendo una relación tan especial. Son tan importantes y de tanta ayuda la una para la otra, que es Bec quien acompaña hasta el final a Kate y es Kate quien le hace replantearse su vida a Bec.
El apoyo y la ayuda entre mujeres, muchas veces muy diferentes, es uno de los ejes principales sobre los que se sustenta la sociedad actual. Solo tenemos que mirar a nuestro lado para darnos cuenta de la importancia y de la grandeza de ello. Cuando muchas de nosotras decimos que el ayudar a otras mujeres y ayudarnos entre nosotras es fundamental y muy importante, aunque sea en cosas poco lucidas, poco valoradas, que pasan totalmente desapercibidas y requieren mucho esfuerzo y dedicación, lo estamos diciendo sinceramente, de corazón.
Este apoyo, esta ayuda, tanto en cosas aparentemente triviales como claramente importantes, hacen nuestro mundo más humano y perfecto. El que haya un verdadero ejercito de mujeres encargándose, apoyando y ayudando a otras mujeres (y evidentemente a muchos hombres y niños) no por ser habitual debería de dejar de ponerse en relieve y destacarse como realmente merece.
Cuantas veces hemos llevado o recogido además de a nuestro hijo o hija, a la de una amiga o conocida al colegio, porque su madre no podía. Cuantas veces ante un problema de una amiga o de una mujer que forma o ha formado parte de nuestra vida, hemos reaccionado y aunque no nos lo quería contar, hemos creado el entorno adecuado para que se abriera y ofrecido nuestra ayuda o simplemente nuestra escucha activa. Cuántas veces hemos tenido que tapar a alguna amiga en el trabajo, porque iba a llegar un poco más tarde porque no había dormido bien esa noche o está pasando una mala racha. Cuántas veces hemos perdonado a una mujer que ha formado parte de nuestra vida mucho tiempo y ha tenido un fallo que, en otras circunstancias, hubiera supuesto tirar por la borda todo el esfuerzo de años.
Pero no solo es eso. Lo importante es lo que otras mujeres han hecho, hacen, por nosotras simplemente acompañándonos. Porque cuantas veces desde nuestras madres hasta las cuidadoras de nuestros hijos, nos han solucionado una eventualidad sobre la marcha. Cuántas mujeres “detrás de ventanillas”, en reuniones o en consultorios de cualquier tipo nos han recibido con una sonrisa o nos han escuchado atentamente cuando hemos ido con un problema, con una duda, a contar algo o a presentar un proyecto.
Cuántas veces habremos tenido que acudir a nuestras hermanas, a nuestras amigas, hasta a una vecina para contarles algo que nos agobiaba o preocupa. Y ellas han mantenido el secreto de por vida. Cuántas veces otras mujeres nos han ayudado a no tirar la toalla cuando nos sentíamos al borde de nuestras fuerzas o de nuestros nervios. Cuantas veces, al final de la vida de una mujer, como en la película, cuando hemos necesitado ayuda hasta para ir al baño, hemos tenido que acudir a otra mujer para apoyarnos.
Aunque a veces se tilde -nosotras mismas a veces calificamos la relación entre mujeres como complicada o difícil- y se haga de esta absurda idea un argumento para justificar otros fines, nosotras, en nuestro fuero interno, sabemos y sentimos, que teniendo mujeres a nuestro lado, que simplemente nos escuchen, acompañen o echen una mano, nuestro día a día y la de ella se tornará mucho mejor, porque nadie como ellas, como nosotras, para calzarse nuestro tacones y acompañarnos en lo mejor y en lo peor de nuestra vida.

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