Todas las mañanas hago 15 km de bicicleta (estática), lo que viene a ser unos 40 minutos aproximadamente. Este tiempo se puede hacer eterno si solo te dedicas a pedalear así que yo aprovecho para leer en mi ebook o para ver alguna película o serie en la TV. Cuando estoy muy concentrada, alguna vez he estado casi una hora pedaleando sin darme cuenta. Eso es lo que me ha pasado hoy viendo una serie de Netflix que me tiene enganchada: The Home Edit.

The Home Edit no es una serie de ficción, es un “reality” norteamericano en el que dos chicas: Clea y Joanna, se dedican a ordenar los armarios, despensas, vestidores, cocinas,… de personas que solicitan sus servicios. The Home Edit es el nombre real de su empresa que, por lo visto, en EE.UU. tiene muchísimo éxito. Vamos, una suerte de nuevas Marie Kondo pero menos cursis, y más graciosas y simpáticas.

A mí siempre me ha encantado el orden, según mi familia me obsesiona, pero es que realmente una casa ordenada es mucho más relajante que una desordenada. Me estreso mucho en una casa en la que todo está manga por hombro; no lo puedo remediar. Sin embargo, sobre esto que para mí es casi un dogma de fe, hay quien opina lo contrario y encuentra su encanto a las casas que para mí son un caos. Pero hay una cosa que es objetivamente indiscutible: las casas ordenadas son más cómodas y prácticas. Nadie me podrá negar que un armario ordenado, en el que se encuentra rápidamente cualquier cosa que buscas, es infinitamente más práctico que esos armarios abarrotados en los que siempre se cae algo cuando intentas coger una cosa.

Muchos de los consejos que dan en The Home Edit son puro sentido común, como por ejemplo la importancia de eliminar (lo de tirar es muy poco ecológico) aquello que no usas. Sin embargo, casi siempre descubro cosas que son fácilmente aplicables y suponen una mejora importante en el orden doméstico. También hay cosas que hace tiempo ya las puse en práctica y descubro con satisfacción que forman parte de su decálogo empresarial.

Perchas

Una de ellas es la utilizar perchas iguales en los armarios roperos. Es increíble la cantidad de espacio que se puede ganar con ello. Yo utilizo perchas delgadas y planas forradas de un material parecido al terciopelo, que evita que las prendas se deslicen, y además de conseguir economía de espacio, la estética del armario mejora una barbaridad. La primera vez que hice el cambio de perchas, me costó mucho deshacerme de las mil diferentes que tenía, casi todas compradas en ofertas en distintos establecimientos, porque, al menos en mi generación, no estamos educados para tirar algo que todavía “funciona” o no está roto. Pero el resultado merece la pena. Sólo he mantenido las perchas de hombreras grandes (todas iguales también) para abrigos, trajes y americanas y las que tienen pinzas para faldas y bermudas.

Bolsas para almacenar al vacío

Otra de las buenas prácticas que he incluido en el orden doméstico es la utilización de bolsas para almacenar al vacío. Son estupendas para guardar en verano los edredones, mantas, jerséis de lana y abrigos de pelo. El funcionamiento de estas bolsas es muy sencillo: simplemente pones en su interior las prendas que quieres guardar, convenientemente dobladas, y extraes el aire de su interior con la aspiradora. Puedes lograr hasta un 70% de reducción de volumen. Con este invento, yo consigo guardar en el canapé abatible de mi cama, todos los edredones, mantas, abrigos de pelo, etc., cuando llega el buen tiempo. Eso sí, para otro tipo de prendas, como abrigos de paño, no os las recomiendo ya que se arrugan mucho y no vuelven a su estado original, a no ser que las planches a conciencia o las lleves a la tintorería.

Deshacerse de todo aquello que ya no se usa

Como he dicho, en Home Edit, al igual que Marie Kondo, hacen mucho hincapié en el proceso de deshacerte de todo aquello que no usas. Bueno, Marie Kondo habla de eliminar todo aquello que no te produce felicidad… En cualquier caso no puedo estar más de acuerdo; el mayor problema en el orden doméstico suele ser la gran cantidad de cosas que almacenamos.

El problema es que nos cuesta mucho deshacernos de cosas que están en perfecto estado. Personalmente me resulta mucho más fácil desprenderme de las cosas si las puedo regalar o donar; es una forma de darles una nueva “vida”. Por eso, desde hace algunos años le llevo toda la ropa que ya no utilizamos y está en perfecto estado, a una persona peruana que la manda a su país pues tiene una familia grande allí. Esto me ha permitido deshacerme de la ropa con mucha más “alegría”.

Una reflexión que me hicieron hace tiempo para ayudarme en la tarea de eliminar cosas, que es válido no sólo para la ropa sino para los objetos en general, fue: ¿sabes lo que cuesta el m2 en el centro de Madrid? y ¿realmente lo que estás almacenando en ese m2 cuadrado vale eso? Esto es válido para cualquier casa de cualquier ciudad. A mí, desde luego, me ayuda mucho a desprenderme de cosas que “roban” espacio en mi casa.

Evidentemente siempre hay cosas que tienen un valor sentimental de las que no te quisieras desprender nunca. Lo que pasa es que cuando almacenas muchas cosas, aquellas con verdadero valor sentimental se pierden en los armarios, cajones y estanterías. Una de las ventajas de hacer una limpieza a fondo es que todos esos recuerdos se pueden almacenar de forma que sean mucho más accesibles y por tanto, podremos disfrutar mucho más de ellos.

Así que… ¡no hay excusas! Ánimo y… ¡a ordenar!