Hace poco, mientras cenaba con la televisión puesta, vi un programa, en que un hombre cercano a los 50 años, en respuesta a la pregunta sobre el tipo de mujer que estaba buscando, afirmo que, evidentemente, buscaba una mujer guapa, con curvas, simpática, viajera… y sobre todo joven, bastante más joven que él. Dijo que, aunque él tenía cincuenta años, no se veía con una mujer de su misma edad. Estaba convencido de que no le pegaba estar con una mujer tan mayor. De su edad, vamos. Dijo que incluso le daba un cierto reparo y cierta cosa (no sabemos a qué se refería, pero lo podemos imaginar), tener una pareja de su edad.
Yo no daba crédito ni a la argumentación, que no había por dónde cogerla, ni al desparpajo y la seguridad en sí mismo con que lo planteaba, sin despeinarse. Y todo esto, partiendo de la base de que creo firmemente en la libertad individual y la libertad de elección, de tal manera que, si ese señor, tiene esos gustos, adelante con su idea. Solo pediría un poco más de altura de mente a la hora de fundamentarlo. Que lo está viendo media humanidad.
A mí me resultó hasta grotesco. No sabía si reírme o llorar. Lo que me hizo pensar no ya en el tema en sí, que no pasa de lo puramente anecdótico, sino, a veces, en lo decimonónicos y en los tabús que se tienen todavía sobre algunos temas, muchos de los cuales siguen afectando a las mujeres.
En personas que ya deberían tener una cierta experiencia vital, y de conocimiento de las mujeres, como alardeaba este caballero, me extrañaba lo poco que realmente parecía que las conocía y lo egoísta de su punto de vista.
Como en otros ámbitos, este señor no era consciente o no quería serlo, de que hoy en día una mujer de 50 años puede estar estupendísima y, sobre todo, plena de energía, de conocimiento, de capacidad y de ilusión. Y teniendo en cuenta que la media de esperanza de vida se sitúa en torno a los 85 años, está casi en una segunda juventud. En segundo lugar, me dio una cierta rabia seguir constatando cómo en esto, como en otras muchas cosas, la edad de la mujer le sigue perjudicando mucho.
En este ámbito como en otros muchos, ser mujer claramente no beneficia, aunque no haya ningún motivo fundado ni racional para ello. Es como si a la mujer, se encuentre en la edad que se encuentre, haya que buscarle argumentos para justificar las decisiones que se toman contra ella o, al menos, no a su favor. Da a veces incluso la impresión de que los mismos argumentos que justifican una decisión que claramente nos perjudica, ya no sirvan cuando estamos en otra etapa de nuestra vida y esos argumentos podrían haber pasado de perjudicarnos a beneficiarnos.
Vamos que en el caso femenino se cumple en todo su esplendor aquella respuesta del Oráculo de “hagas lo que hagas te arrepentirás”

Una relación es una cosa de dos. Si él quiere a una jovencita (mayor de edad, of course) y la chica acepta, ¿qué problema hay?
También una señora de 50 le gustaría ir con un chulazo de 30. O no. Habrá quien le gusta y quien le parezca ridículo y patético.
Lo que tengo claro es que hay que dejar que cada uno viva como quiera siempre que no perjudique a los demás. ¡Ya está bien de intentar montar el mundo como a nostros nos gusta.
Ya ha explicado en el artículo que no es eso lo que le preocupa, que allá cada cual, sino el desprecio de pensar que las mujeres de cincuenta son antiguallas.