A las mujeres nos apasiona hablar, nos libera, nos hace más felices, nos quita en parte preocupaciones, nos ayuda en todo o casi todo. Estudios recientes han concluido que las mujeres de promedio usan unas veinte mil palabras por día mientras que los hombres solo utilizan siete mil.
Aunque ya sabíamos que, en general, las mujeres hablamos más que los hombres, no teníamos estudios científicos que lo avalaran y parece ser que esto es debido, según un estudio realizado por la Universidad de Maryland, a que nuestro cerebro contiene altos niveles de la proteína FOXp2 que es conocida como la del lenguaje. Aunque el estudio no es del todo concluyente desde el punto de vista científico, porque la muestra sobre la que se ha realizado no es lo suficientemente representativa para avalarlo en su integridad, sí que ha demostrado que un mayor nivel de la proteína citada supone un mayor nivel de lenguaje. A nadie se nos escapa que las niñas suelen hablar antes, componen oraciones de forma temprana y su vocabulario es más amplio desde pequeñas, que el de los niños.
Esto que a priori se podría interpretar de forma tan positiva, no solo por lo que supone en si, un mayor manejo del lenguaje, sino por los efectos positivos que el lenguaje todas sabemos tiene sobre nosotras, se convierte en muchas ocasiones en un hándicap. Una de las cosas que vengo constatando desde hace ya muchos años es, que sobre todo en el ámbito laboral, e incluso a veces en el doméstico, hay bastantes hombres a los que les irrita que las mujeres hablen tanto, aunque el objetivo sea tan noble como poder explicar en detalle cosas que, por lo menos en mi opinión, requieren para ser realmente entendidas y comprendidas, una descripción detallada.
Si algo también me está demostrando el mundo digital es que cada vez se quieren menos explicaciones de todo, se piden, pero luego realmente no se quieren, no se ahonda en ello, no se busca el detalle. Muchas veces prima lo superfluo, de tal manera que, cuando se intenta explicar algo ampliamente, lo que yo llamaría una explicación 360 º, porcentaje que tanto se utiliza en otros ámbitos tecnológicos, se hacen verdaderos malabarismos para dar, incluso de forma sesgada, los datos o argumentos que interesan. De tal forma que se podría decir que hay toda una estrategia diseñada para justificar lo que a cada uno le interesa, en lugar de explicar de forma exhaustiva las cosas.
Muchas de las palabras de más que utilizan las mujeres, y que a veces se tildan de superfluas, realmente sí que sirven para explicar lo que no se quiere que se explique y solo se usan cuando sirven para el propio y personal beneficio.
Acabo de leer algo que nunca me había planteado así, pero se podría decir que había deducido en parte y es, que si se quieren conseguir las metas no hay que hablar mucho de ellas, por varios motivos. En primer lugar, porque parece ser que la recompensa que se obtiene con ello es inmediata. Simplemente hablando de ellas te puedes creer que lo estás logrando, de tal manera que eso hace que no acabes de llevar adelante tus objetivos. Otro mucho más real diría yo, o por lo menos, en mi opinión, más cercano a nuestro ámbito más profesional, es que muchas veces la gente que te rodea no quiere realmente apoyarte sino apoyarse ellos mismos. Esas personas tienen otros intereses y al final su verdadero objetivo es poner trampas y hacernos fracasar. En algunos casos ellos ya fracasaron y ni quieren ni piensan que la otra persona lo logre. Eso sin olvidarnos de aquellas personas que son realmente negativas y que siempre van a ver el vaso medio vacío en lugar de medio lleno.
También podemos hablar de aquellas personas que siempre están tan preocupadas de ellas mismas que las metas del otro simplemente les resbalan, no les interesan, y como no les interesan no hacen ni caso de ellas. Como consecuencia de ello el otro se rinde y va dejando sus metas de lado. De esto saben muchísimo las mujeres. A lo largo de la historia han pospuesto o dejado de lado sus metas para que los demás alcancen las suyas. Si encima hay amor verdadero (hijos, parejas hermanos) e incluso cariño (jefes, compañeros) pues campo abonado para que las metas féminas se pospongan en pos de las metas de los demás.
Y finalmente hay personas que ya no es que no les importen tus metas, sino que ponen zancadillas sistemáticas, para que no se consigan incluso, aunque no lo parezca, se alegran de que no se alcancen. No hacen más que atosigar o beneficiarse de toda la información que se les está dando para conseguir las suyas, bajo la apariencia de que te están intentando ayudar. Estas personas son las más peligrosas porque son expertos en utilizar a los demás para conseguir sus objetivos.
Hablar a las féminas, ya hemos visto en otras entradas, que incluso nos alarga la vida, pero si queremos alcanzar nuestras metas ya sabemos que, por la boca muere el pez, así que compartámoslas con aquellos que se merecen que lo hagamos y no caigamos en la trampa tan manida, pero tan habitual, de que se nos utilice para los fines de otros que ni siquiera se merecen, ya no que les contemos nuestras metas, sino ni siquiera que les dediquemos todo el esplendor de que somos capaces utilizando las veinte mil palabras que solemos utilizar a diario. Que eso también nos agota.

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