El sábado pasado estuvimos cenando en la terraza de Numa Pompilio, un restaurante italiano con una de las terrazas más bonitas de Madrid. La terraza ya era bonita cuando estaba el restaurante Iroco. Ahora está espectacular. El espacio brilla iluminado por un racimo de bombillas que recorren los árboles. Si te relajas mucho te sientes casi en Navidad. Como hacía un día de verano, se estaba divino. El restaurante, tanto dentro como fuera, está decorado con muy buen gusto.

 

Empezamos con un poco de mal pie. Tratándose de un restaurante con precios elevados, esperábamos que hubiera aparcacoches y de aparcacoches nada. Como el parking de Velázquez (Madrid) está muy cerca, deben de haber decidido que mejor te pagues tú el parking. Los camareros, sin embargo, a la altura. Fuimos atendidos con  total profesionalidad.

 

La comida, muy bien. Para compartir, pedimos  burrata con caponata vegetale (muy rica), flores de calabacín crujientes con anchoas (riquísimas; para mí el primero que más me gustó) y alcachofas asadas a la romana (este plato me pareció un poco tomadura de pelo; se trataba del corazón de la alcachofa tamaño mini). La cantidad te daba apenas para probar los platos.

 

En cuanto a los segundos, yo tomé lenguado al limón de capri (me pareció muy sabroso, aunque disponiendo de un buen lenguado, el resto casi huelga). Lo sirven con patatas panadera y con tomates levemente dulces; por supuesto te lo limpian, cosa muy de agradecer. El resto de amigos tomó merluza con almejas y pesto de pistaccio (una ración abundante y sabrosa), steack tartar de fassona piamontesa (fabuloso), y una ración de orecchiona de elefante madurada para dos (también abundante y rica, aunque no deja de ser un filete muy fino empanado y, para mí, como el empanado de mi madre nada). Otro de nosotros tomo tagliolini funghi en rueda de pecorini, que -según nos contó- también estaba muy bueno.

 

El vino, prohibitivo. Pedimos un blanco joven y la botella superó los 30 euros. En cuanto a los postres, solo tomamos dos para compartir. Nos llamó la atención el tiramissu, realmente riquísimo; el mejor que he probado. Traen todos los ingredientes y lo preparan en la mesa. El queso mascarpone, sin embargo, viene ya preparado. Está elaborado con una receta propia, en la parece que radica su excelente sabor.

El precio fue de aproximadamente 70 euros por persona, incluidas las copas que pedimos después.  En mi opinión y a pesar de su calidad, es un poco excesivo. En proporción al resto de la carta, el precio de las copas nos pareció correcto.

Merece la pena visitar y degustar este sitio, sobre todo si consigues terraza. Te sentirás dentro de un cuento. Eso sí. Hay que reservar con bastante antelación.