Como nos gusta mucho la comida peruana y cada vez se abren en Madrid más restaurantes  especializados en este tipo de cocina, fusionándola a veces con cocina japonesa e incluso española, hace poco quedamos a cenar con unos amigos en OCEANIKA, un restaurante situado en la calle Antonio Pérez, 26 de Madrid.

 

Aunque sin grandes alardes, la decoración nos resultó agradable, suave y cómoda. En las paredes, a modo de exposición, aparecían cuadros de un pintor amigo, lo que hacía el local más acogedor y atractivo.

 

Los trampantojos son los protagonistas de este restaurante, en el que un camarero te explica, con una rapidez y facilidad de palabra inusitada, todos los platos que vas a ir probando, explicándote que casi ninguno es lo que parece.

 

Como no teníamos claro qué elegir, nos propuso una especie de menú con varios platos, para que probáramos lo más representativo. De primero, nos sirvió una cafetera desestructoradora. Es una cafetera italiana, con la que sirven una sopa de gambas y mejillones que puedes comer en la parte de la cafetera donde se suele poner el café. Todo se come con palillos, instrumento que yo manejo fatal. Este plato fue el que menos nos gustó ¡pero no por eso!

 

Seguimos con unos churros con chocolate. Este sí me gustó mucho. Se trata de un falso churro de harina de maíz, que se toma mojando en una salsa de judía negra. Parece un churro, pero no lo es y está riquísimo. Tambien tomamos un bloody mary. Lo preparan como si te fueras a tomar el cóctel. Es una especie de gazpacho que también recomiendo.

 

A continuación, nos trajo unos cucuruchos de cochinita un plato también muy original. Sobre la típica base donde se ponen los cucuruchos de helado en la heladería, aquí ponen unos cucuruchos rellenos de cochinita que te comes como si te tomaras un helado. 

 

Finalmente comimos un plato llamado temaki a la mexicana, que es cazón en adobo rodeado de una hoja de lechuga. También muy sabroso. De postre nos sirvieron unos falsos niguiris de arroz con leche y crep de dulce de leche. Me gustó. Claro que, en general, me encanta el dulce.  Rematamos con un pisco, también bastante rico, aunque confieso que tengo una amiga chilena que los prepara mejor.

 

Pasamos un rato muy agradable. Además de los platos tan sabrosos, nos gustó que nos fueran explicando cada plato a medida que nos los servían de una forma original.

 

No es el restaurante peruano que más nos ha gustado, pero está bastante bien. Lo recomiendo. Es original, se come bien y merece la pena visitarlo y disfrutarlo al menos una vez.