Hace poco saliunnamed-14mos a cenar a un restaurante de moda, cuya reserva nos había costado varios meses de intentos. Nuestro entusiasmo se tambaleó cuando, al traernos la carta, nos volvió a pasar lo que, cada vez con más frecuencia, nos pasa a los que habitualmente no llevamos gafas: no veíamos nada. Así que tuvimos que empezar con la cantinela habitual de “cuando acabes de elegir, pásame las gafas que no veo nada”.

 

En la mayor parte de los restaurantes, las cartas tienen una letra bonita y muy trabajada,  pero tan minúscula que resulta imposible de leer cuando pasas de los 40, los 50… Entre nosotras empezamos a comentar por qué casi ningún restaurante piensa en hacer la letra de las cartas lo suficientemente grande para que, a una distancia prudencial, podamos leerla sin problemas y no nos veamos obligadas a sacar o a pedir a otros las famosas gafas de presbicia.

 

¿Por qué tenemos que dar pistas a todo el mundo sobre la edad que tenemos? ¿Por qué tenemos que ponernos esas  gafas de madurita, si estamos estupendas y ¡mira qué bien! aparentamos menos edad?

 

¿Por qué nos tenemos que volver locas rotando las gafas entre los comensales, cuando es un tema facilísimo de solucionar? Para esas noches “glamurosas” lo normal es que llevemos un bolso diminuto, en el que solo nos cabe el móvil, el carnet de identidad, la barra de labios y casi nada más.

 

¿Por qué no podemos leer de manera relajada la lista de platos y decidir tranquilamente, sin -como me suele pasar- tener que echarle un vistazo rápido y casi estresado, para pasar las gafas cuanto antes a quien nos las ha dejado o a la siguiente que las necesita?

 

Sres. Empresarios de la restauración: hagan las cartas con letra legible y accesible para todos, que aquí el tamaño sí importa ¡y mucho! Y, si no, busquen soluciones imaginativas: pongan lupas en la mesa, impertinentes…,  como los que  utilizaban las damas en el siglo XVIII, más como elemento de moda y joyería que como ayuda visual. Así no tendríamos que llevar las gafas en estas ocasiones, en que no nos caben en el bolso. Si optaran por una solución “distinta” y original, probablemente todas nos apuntaríamos a ella,  como elemento de moda y tendencia, y para evitar dejar latente lo que no queremos dejar.