El miércoles pasado me invitaron a visitar el Palacio de la Cortes, bueno, realmente los invitados eran mi marido y sus compañeros de trabajo, a los que me uní gustosamente. Aprovecho para agradecer la visita a la organizadora, Maria José Pintor, directora de Diario 16, y a la anfitriona, Rocío de Frutos, actual diputada del PSOE por Ourense.  Debo decir que no sé qué me gustó más, si visitar el Palacio de las Cortes, que es una auténtica maravilla, o haber tenido la oportunidad de conocer a Rocío.

Comenzamos la visita recorriendo una de las ampliaciones del Palacio que es donde se encuentran los despachos de los diputados. Éstos están agrupados por partidos políticos con representación parlamentaria. No todos los diputados tienen despacho; solo lo tienen aquellos que tienen algún cargo en la Cámara, como presidentes o portavoces de Comisiones. Como Rocío es portavoz de la Comisión de Empleo, tiene un pequeño despacho que muy amablemente nos enseñó. Todos los despachos tienen una decoración estándar, bastante austera, en la que solo les dejan escoger los cuadros.

Desde allí nos dirigimos a una de las cafeterías del Congreso, para tomar un café y hacer tiempo mientras terminaba la sesión plenaria y así poder visitar la “joya de la corona”: el Salón de Sesiones.  Además de ver a un montón de políticos que todos conocemos por los medios de comunicación, me llamó la atención lo barata que es la cafetería; tomamos tres botellines de agua, dos cafés y dos tés por siete euros. Pasamos un rato muy agradable en el que Rocío nos contó todo lo que quisimos preguntarle sobre el cometido  y los “privilegios” de los diputados. Fue absolutamente transparente, pues  Rocío tiene la ventaja de que no necesita “agarrarse” a su escaño. Es inspectora de trabajo, puesto al que pretende volver en breve, por lo que su sueldo antes de ser diputada era incluso superior al actual. Nos contó que los nuevos diputados reciben, además de su sueldo: un iPhone, un iPad y una tarjeta anual de 3.000€ para sus desplazamientos en taxi. Cuando dejan su escaño, los diputados deben devolver estos gadgets o bien comprarlos a un precio que me pareció bastante razonable.

Como el día de nuestra visita coincidió con el último pleno de la actual legislatura, éste se alargó bastante más de lo previsto, así que Rocío nos llevó a visitar otras dependencias del Congreso, como las salas donde se reúnen las distintas Comisiones. Visitamos la Sala Sagasta, la Sala Cánovas y otra  más pequeña para reuniones poco numerosas. En la Sala Constitucional, presidida por siete retratos de los ponentes de la Constitución, saludamos a Margarita Robles que, muy simpática, accedió a hacerse una foto con el grupo. Hay numerosas salas de este tipo y es que, como le oí decir en una conferencia a Javier Solana, el famoso Míster PESC de la Unión Europea, hacer política es, o debería ser, buscar el consenso. Y eso va de educación, empatía y  voluntad de dialogo. Doy fe de que si no hay más consenso, no es por falta de salas para negociar.

Siguiendo con la visita, me llamaron la atención los fantásticos cuadros que adornan los largos pasillos y las escaleras de la ampliación del Palacio de las Cortes. Observé que alguno de ellos pertenecía a la colección del Museo Reina Sofía y es que, posteriormente he leído que este museo ha cedido varias obras al Congreso y al Senado para conmemorar el 40 aniversario de la Constitución.

Cuando terminó el pleno, pudimos por fin acceder al edificio principal y, cómo no, nuestra primera visita fue al Salón de Sesiones o Hemiciclo, que me pareció espectacular. El comentario unánime es que es más pequeño de lo que parece en televisión; la tribuna de oradores está bastante más cerca de los escaños de lo que imaginaba. La decoración, con alfombras, maderas nobles, mármoles, pinturas brillantes y dorados, no es en absoluto estridente; de hecho me resultó acogedor. Tal vez sea porque Rocío nos dijo tantas veces a lo largo del recorrido que estábamos en nuestra casa, que me lo acabé creyendo.

Si tenéis ocasión de visitar este Palacio,  otro de los imprescindibles es la biblioteca. Es una maravilla: pequeña, con cuatro pisos con estanterías de caoba y cedro, y una preciosa bóveda decorada con una alegoría del templo de las leyes.

Aunque ya era tarde, Rocío insistió en que fuéramos a ver el cuadro más valioso del Palacio: La Ejecución de los comuneros de Castilla, de Antonio Gisbert Pérez. Y verdaderamente mereció la pena.

Finalizada la visita, nos fuimos a tomar unas cañas y unas croquetas a otro clásico de la zona: Casa Manolo. Allí Rocío nos habló de la interesante labor que ha desarrollado esta legislatura, como experta en Derecho laboral. Rocío es un “rara avis” que ha entrado en el mundo de la política por su vocación de servicio y porque realmente cree que tiene algo que aportar a la sociedad. Nos contó que ha conocido políticos de distinto signo e ideología, con los que ha conectado de manera especial. Y es que la política, como todas las disciplinas de la vida, tiene que ver con las personas.

Sin embargo, una legislatura ha sido suficiente para que Rocío decida volverse a casa. Y como le dije, es una pena. Hacen mucha falta políticos como ella, para que la gente, en especial los más jóvenes, recuperen la confianza en las instituciones y en los cargos públicos. Porque en mi opinión, lo que realmente está en crisis es la clase política en general, independientemente del color del partido.