Llevo más de tres semanas peleándome con unos y otros por diferentes temas, que me están suponiendo un esfuerzo añadido a todo lo que debo hacer en el día a día, agravado además por esta situación que nos ha tocado vivir. Pero creo que, si algo nos caracteriza a las mujeres de mi generación, es la capacidad de lucha y la tenacidad hasta el final.
Una de las guerras mantenidas ha sido con los seguros, para que hagan frente a las obligaciones que les corresponden y den solución a algunos problemas que me habían surgido, incluso antes del estado de alarma, y que, por supuesto, están cubiertos por las pólizas que tengo suscritas, pero que todavía no he conseguido solucionar.
Hace unos días leía también que los trabajadores de las oficinas del SEPE pedían no abrir hasta que estuvieran tramitados todos los ERTEs porque temían tener algún tipo de problema o encontronazo con la gente que todavía no había visto solucionada su situación y estaban desesperados, bien porque todavía no habían cobrado las prestaciones o porque estaban inmersos en un laberinto imposible de solucionar sin hablar con alguien que pudiera orientarles y asesorarles, cosa imposible porque no respondían en los teléfonos (imagino colapsados), o porque las citas virtuales, que habían dado, no eran atendidas ni el día acordado ni días después. En fin, por un montón de cosas que para quien las está sufriendo supone una gran angustia.
Me contaban del caso de una conocida que hacía un par de meses que había pedido una de esas citas virtuales porque le habían incluido en un ERTE por diez días al mes que trabajaba en una empresa de un amigo. Ahora tenía un problema grave de salud y no estaba cobrando cantidad alguna. Ni le habían llamado el día de la cita virtual, ni los días posteriores y estaba agobiadísima, porque no sabía cómo salir de la ratonera en la que se encontraba. Gracias, como siempre, a la ayuda de su familia, iba subsistiendo.
En fin, miles y miles de situaciones donde la gente se siente desesperada, muchas veces casi con depresión y tristeza, donde lo que se necesita es encontrar al otro lado alguien amable, que te escuche, que ponga interés y te trate de acompañar en ese proceso, a veces muy muy largo, hasta que se logra encontrar la luz.
Aunque parezca que todo el mundo tiene mucho trabajo y que dar respuesta en un tiempo prudencial o intentar solucionar el problema a alguien, requiere mucho tiempo y que todo el mundo quiere y tiene voluntad de ayudar, eso, me temo, no es verdad. En todos los sitios hay personas más o menos trabajadoras, pero existe también una dinámica que lamentablemente se suele repetir y es, que hasta que no te enfadas y te pones firme, a menudo no te hacen caso.
Y como cada vez esto ocurre más me digo: “-¿Por qué habrá que hacer tanto esfuerzo para conseguir solucionar las cosas?”, Por qué la mayor parte de nosotros no somos como esas personas que siempre están dispuestas a ponerse manos a la obra y ayudarte a encontrar la salida. Por qué no seremos todos como esos que siempre, pero más cuando las circunstancias lo requieren, están dispuestos a mostrarse cordiales y a ir más allá para encontrar salidas, con esfuerzo y seguramente con más tiempo del que les correspondería estar trabajando, pero con la voluntad del que sabe que se les necesita.
Hablamos de empatía, de ponerte en el lugar, en los zapatos del otro, de no intentar marear la perdiz o despistar y liar utilizando buenas palabras vacías de contenido, con las que parece que te están tomando por tonta, de no ponerse desagradable para que el otro desista, como me acaba de pasar con el propietario de un taller de reparación. Como no quería cumplir con su obligación, me repetía que yo no le quería entender. ¡Qué voy a entender después de tanto tiempo sin mover un dedo!
Nada es fácil de conseguir, por lo menos para la mayoría, pero si facilitamos algo las cosas a los demás y ayudamos cada uno en nuestro ámbito, la vida sería un poco más fácil. A veces no encuentras la solución, pero si te has visto escuchada y acompañada se hace menos penosa la situación.
Uno de los inconvenientes que nos ha traído el mundo digital es hacer que nos perdamos en entramados anónimos de todo tipo y que de mentiras flagrantes se obtengan teóricas verdades. Si cada uno de nosotros no nos ponemos en el lugar del otro, y no abrimos bien los ojos corremos el riesgo de quedarnos ciegos y perdidos, sin solventar las cosas. Impidamos que se salgan con la suya aquellos a los que solo les importan ellos. Ya sabéis “a río revuelto, ganancia de pescadores”

Totalmente de acuerdo. Todo cuesta mucho.