El pasado domingo celebramos con unos amigos nuestra cena de Navidad en el restaurante Amazónico, situado en la calle Jorge Juan, 20. Aunque lleva cierto tiempo abierto, sigue siendo uno de los restaurantes de moda de Madrid. Pertenece al grupo del Paraguas, junto con Ten con Ten, Ultramarinos Quintín y Numa Pompilio, todos ellos muy conocidos y casi siempre llenos.

Al entrar te parece que acabas de llegar a la selva. Toda la decoración ayuda a esa sensación, desde las plantas que cuelgan del techo, hasta otros detalles originales. Una sucesión de grandes lámparas de tela rústica caen del techo sobre las mesas y proyectan una luz muy agradable para cenar.

A la derecha, hay una barra donde se sienta la gente para tomar un coctel o una copa. Aunque los cocteles en general son caros, algunos de los que aparecían en la carta nos parecieron a precio de oro.

 

Como en otros restaurantes, tras los cristales se ven las cocinas  con un montón de cocineros y pinches, algunos de ellos procedentes de Asia, preparando los platos. Lo primero que salta a la vista son unas apetecibles piñas asándose, aunque casi casi se quitan las ganas de comerlas cuando lees que cuestan casi 70 euros, pero ¡sorpresa! parece que son para que las compartan 6 personas.

Nuestra mesa estaba en el comedor del fondo, donde hay un patio muy atractivo que supongo se abrirá en verano. Comimos en una mesa circular, lo cual está muy bien, sobre todo cuando vas en grupo. Así es más fácil hablar con todos. Los silloncitos, bastante cómodos. Una cosa importante, por lo menos para mí, porque ese tipo de cenas se suelen alargar mucho.

La comida estuvo muy rica. Al principio traen en unos vasitos una crema de maíz con un sabor bastante original. Como entrantes, tomamos choricitos caseros al pebre chileno bastante sabrosos, un rollito para cada uno de samosa al tandoor y una especie de aperitivo, similar a una galleta con ají de gallina.

De segundo, varios de nosotros elegimos merluza negra al tupinambo. Es una merluza casi sin grasa con una especie de pasta de berenjena y plátano macho. Es un plato sabroso y ligero, que suele ser muy recomendado. Otros eligieron mero salvaje con remolachas. Lo sirven también con unos cuencos de plátano macho y pepinillos. Otros, ojo de bife argentino. Lo presentan en una especie de espeto y luego lo sirven cortado en un cuenco. Alguno eligió caña al rodizio, chaufa integral de pato al tutupi y curri de langostinos de río al coco.  Nos pareció que cada uno de nuestros platos estaba muy sabroso. El vino, en general, carísimo.

El precio medio fue de alrededor de 70 euros por persona. No tomamos postre, aunque sí alguna infusión y al final una copa.  Para lo que nos habían contado, no nos pareció excesivamente caro.

Lo que menos nos gustó fue el servicio. No nos pareció suficientemente profesional. Se notaba que los camareros tenían poca experiencia y, aunque ponían empeño y amabilidad, estaban poco organizados. Otra cosa incómoda fue que las mesas estaban demasiado juntas y había que entrar con calzador. Al principio hacía un poco de frío. Luego pusieron aire caliente y empezó a hacer un calor considerable. Cosas para mejorar…

El ambiente es un poco sui géneris. Si vais, me entenderéis. A pesar de todo, mi opinión es que merece la pena conocerlo, tanto por la decoración como, por supuesto, por la comida.