Saartjie Baartman fue una esclava africana de la etnia khoikhoi, llevada a Europa  para ser exhibida como atracción  circense, por el gran tamaño de sus glúteos.

Nació en 1789 en una región cercana al río Gamtoos, en la Provincia Oriental del Cabo Este, Sudáfrica. Su madre murió cuando ella tenía dos años y su padre, un arreador de ganado, falleció cuando ella era adolescente. Nunca recibió educación, así que fue analfabeta toda su vida.  Siendo adolescente,  emigró a Cape Flats, cerca de Ciudad del Cabo.  Allí fue esclava de unos colonos holandeses, para los que trabajaba en su granja como empleada doméstica. Hasta octubre de 1810, vivió en una pequeña cabaña de la explotación.

Ese año fue vendida al doctor británico William Dunlop, quien la convenció o medio engañó para trasladarse en barco a Inglaterra.  A pesar de que no sabía leer ni escribir, supuestamente firmó un contrato con su patrón, el empresario Hendrik Cesars, y con el cirujano inglés, para trabajar en Inglaterra y exhibirse en espectáculos circenses como una rareza.

En ese momento, el Imperio británico acababa de abolir la trata de esclavos (lo hizo en 1807), pero no la esclavitud.

Exhibida en público

Cuando fue exhibida en un establecimiento de Piccadilly Circus, en Londres, causó sensación, sobre todo por el tamaño de sus nalgas, que eran muy voluminosas.

Saartjie o Sarah tenía esteatopigia, una característica genética que favorece la acumulación de grasa en las nalgas. En el siglo XIX, los traseros grandes estaban de moda, así que los europeos sentían curiosidad por eso que ella tenía en abundancia de manera natural. Su interés para el público se debía a esa característica genética y no al color de su piel.

Los promotores del negocio la publicitaron como la “Venus Hotentote“.  Era el término que usaban los holandeses para describir a los khoikhoi y a los san, los principales miembros de los khoisan o joisán africanos. Hoy está considerado un adjetivo despectivo y racista.

Sarah era obligada a “desfilar” desnuda en una plataforma de dos pies de altura. En los momentos en que llevaba ropa, vestía prendas ajustadas y oscuras, del mismo color de su piel. Usaba collares y plumas, y fumaba en pipa.  Los  espectáculos incluían danza e interpretaciones musicales. Tenía un público numeroso y sofisticado.  Por una cantidad extra,  los clientes podían tener demostraciones privadas, en las que podían tocar sus glúteos.

Aunque la mayoría del público no sentía escrúpulos éticos por pagar para ver a esa “rareza”, otros se horrorizaron y denunciaron cómo era tratada. Finalmente, una sociedad benéfica solicitó la prohibición del espectáculo.  Sus jefes, que se estaban enriqueciendo con las exhibiciones,  fueron procesados judicialmente, acusados de retenerla contra su voluntad.  El doctor William Dunlop mostró el contrato firmado por Sarah y  ella misma testificó a su favor, por lo que fueron declarados inocentes.

No existe la certeza sobre si fue engañada y coaccionada por su patrón y por el cirujano inglés, como afirmaban los abolicionistas, o si actuaba libremente (más o menos libremente), porque aceptó que exhibirse era su vía para  subsistir.

En París

Tras el juicio, el espectáculo de esta Venus africana fue perdiendo popularidad y espectadores, así que decidieron salir de gira por Gran Bretaña e Irlanda.

En 1814 Sarah y Cesars se trasladaron a París y allí se convirtió de nuevo en una aparente celebridad. Era invitada a las fiestas de la alta sociedad y era frecuente verla tomando cócteles en el Café de París.

Esa etapa de bonanza acabó cuando Cesars regresó a Sudáfrica. Sarah se quedó en París,  donde un conocido domador de fieras, Reaux, se encargó de utilizarla profesionalmente: la exhibió durante quince meses.  Las cosas no fueron bien para ella. Empezó a abusar de la bebida y del tabaco, y posiblemente fue empujada a prostituirse.

Saartjie y la ciencia

Considerada como una “rareza de la naturaleza“, Sarah aceptó ser estudiada y pintada por un grupo de científicos y artistas. Rechazó, sin embargo, que la pintaran desnuda, porque “atentaba contra su dignidad”

Sarah no pudo resistir el frío europeo, ni vivir en una cultura que no era la suya, ni la degradación de su cuerpo.  Cinco años después de haber salido de África, murió  en París, a causa de “una enfermedad inflamatoria y eruptiva”, que pudo ser el resultado de una neumonía, de sífilis o simplemente de alcoholismo.  Era 1815, tenía 26 años y estaba sola.

Solo unas horas después de su muerte, la comunidad científica parisina se reunió para realizar su autopsia.  El naturalista Georges Cuvier, quien había bailado con Sarah en una de las fiestas de Reaux, hizo un modelo de yeso de su cuerpo antes de disecarlo. De ella afirmó que era una mujer inteligente, de excelente memoria y que hablaba fluidamente el holandés.  Conservó su esqueleto, y guardó su cerebro y sus órganos genitales en frascos, que permanecieron expuestos en el Museo del Hombre de París hasta 1974. Sus genitales fueron  objeto de gran curiosidad, por poseer la sinus pudoris, un alargamiento de los labios menores de la vagina, propio de las mujeres Joi-Joi.

Cuando Nelson Mandela fue elegido presidente de Sudáfrica,  en 1994, solicitó la repatriación de sus restos y del modelo de yeso realizado por Cuvier. El gobierno francés aceptó y  el 9 de agosto de 2002, Día de la Mujer en Sudáfrica, sus restos fueron enterrados en la provincia donde nació, 192 años después de que fuera llevada a Europa.

Está considerada como símbolo y víctima de la explotación y del racismo colonial, y de la cosificación y  humillación de las personas negras.

Más información: Rachel Holmes, “La Venus Hotentote: vida y muerte de Saartjle Baartman“,  Stephen Jay Gould, “The Hottentot Venus”, en  Wikipedia  y aquí.