No es que yo vaya todos los días a las salas VIP de los aeropuertos, ni mucho menos. Soy madre y, cuando viajo, lo hago en turista. Solo he entrado en ellas dos veces en mi vida, media hora, en un par de vuelos de trabajo, Sé que están constantemente remodelándolas, actualizándolas y transformándolas, esa palabra que nos gusta tanto, y me comentan que se han incorporado nuevos servicios. Pero, como tantas cosas, siguen siendo profundamente masculinas.
No estamos hablando de que a las niñas les gusten obligatoriamente las muñecas y a los niños los coches, que por supuesto no es así y de eso afortunadamente ya se debate. Lo que opino es que, siendo como son salas donde descansar, y aunque muchos de los que las utilizan sean hombres y para bastantes de ellos, sobre todo si tienen hijos pequeños, el verdadero descanso se produce simplemente con el viaje (también aplica para la mujer; ya me decía un CD del que guardo muy buen recuerdo “te veo aquí más descansada que en casa con tus hijos”), creo que ellas, como en tantas y tantas cosas, se debería tener en cuenta el gusto femenino. Se debería pensar un poquito más en la mujer o en la diversidad de mujeres.
Si quiero relajarme, yo casi nunca utilizaría el Cinco Días o el Financial Time, aunque sé que otras mujeres sí y su gusto es tan válido como el mío. Para relajarnos, muchas de nosotras utilizamos revistas como Vogue, Elle, Marie Claire o cualquiera de las que hablan sobre mejora del cuerpo y mente, decoración, cine, música, libros…
Y -siempre hablando en general- como nos gustan más las personas que las cosas, más que con sillones de relax, preferiríamos unas buenas manos dando un masaje en los pies o en la espalda, muchas veces contracturada. También sería relajante, y sé que se hace en algunos sitios, alguna sesión de yoga o pilates y, dado el poco tiempo que tenemos, sería estupendo una sesión de manicura, pedicura o peluquería rápida, que son cosas que hacemos cuando podemos, en breves huecos y a salto de mata.
La sala en sí misma no es importante, porque es algo que no utiliza todo el mundo. La traigo a colación porque es un ejemplo más de lo masculinizadas que siguen tantas cosas. Feminizarlas no implica ponerlas en rosa o con lazos, pompones o flores, aunque no me avuergüenza decir que a mí me gustan y creo que alegrarían esos sitios, sino que significa tener en cuenta mucho más a las mujeres cuando se trata de hacer o trasformar cualquier cosa o espacio.
Tener en cuenta nuestros gustos es poner en valor y respetar a más del mitad de la población mundial. Todos sabemos que, cuando queremos hacer algo por alguien al que queremos, pensamos en él, en lo que le gusta. Esa ignorancia, minusvaloración o falta de interés en lo que nos gusta a nosotras, es un ejemplo más (no el principal) de lo atrasados que estamos en igualdad, aunque creamos que el mundo avanza a pasos agigantados. Hagámonos esta pregunta ¿Qué pensaría la persona a la que queremos, si a la hora de invitarla o hacerle un regalo le damos algo que nos hace mucha ilusión a nosotros y nada a ella? Si no la tenemos en cuenta… Pues está claro, que somos unos egoístas. Que la estamos ninguneando.



Deja un comentario