Para celebrar el cumpleaños de uno de mis hijos, reservamos mesa en el restaurante peruano Tampu, situado antes en la calle Suero de Quiñones y  ahora en la calle Prim núm 13, donde ha abierto de nuevo sus puertas tras haber sido renovado. Tampu es un vocablo quechua que significa lugar de parada y fonda, para que los mensajeros repongan  fuerzas.

 

Ofrecen comida peruana con un cierto toque vanguardista. No somos expertos en comida de ese país-solo la hemos probado un par de veces-, pero guiándonos por el paladar, que al final es lo que cuenta igual que cuando observamos una pintura, coincidimos unánimemente en nuestra valoración de que todo estaba delicioso.

 

Los camareros, muy amables, nos explicaron con detalle los platos. Si hubiera que ponerles un “pero” sería que no nos parecieron demasiado profesionales, quizá porque algunos eran muy jóvenes, pero lo suplieron cumplidamente con  amabilidad y atención.

 

Empezamos compartiendo una fritura que nos aconsejó la camarera  llamada jalea hot-pop. Consistía en chipirones, camaroncitos, chanquetitos, plátano, alga y maíz; muy frito, servido con trío de leche de tigre de ají amarillo, de oliva peruana y de cilantro. Muy original y sabroso. Luego nos aconsejaron probar la navaja con crema de aceituna, cebolla morada, mango y ají. Prácticamente te la tenías que tomar de un bocado. Nos gustó esa mezcla de la navaja con la cebolla, el mango y la aceituna. Era como un gusto a mar y tierra a la vez.

 

De segundos, tomamos los tres ceviches que ofrecen: el clásico, el verde y el amazónico. Todos muy buenos. Probé los tres y el que más que gustó fue el verde. El picante de langostinos servido sobre papa amarilla, crema de aceituna de botija, huevo de codorniz y cilantro me pareció un plato verdaderamente delicioso.

 

Por último compartimos un postre exquisito llamado Tierra Inca, con una base de bizcocho deshidratado, crema de lúcuma y trocitos de cacao de oro. Me encantó. Solo con la presentación disfrutas, porque lo sirven como si fuera una montaña de tierra que brilla. Te da hasta pena comértelo.

 

El precio medio oscila entre 40 y 45 euros por persona. Un precio adecuado para la calidad y cantidad de la comida que sirven. Es un restaurante de calidad, al que merece la pena ir más de una vez, y probar la gran variedad de platos que cocinan, como el famoso ají de gallina peruano y un bocadillo de chicharrón de cerdo chifero, entre otros, que nos comentaron que está buenísimo.

 

Desde fuera, el sitio no llama excesivamente la atención, pero al entrar te encuentras un local con decoración sencilla, inspirada en la naturaleza y en la tradición indígena, con mobiliario, vajilla y cubertería en consonancia. Cuenta con diferentes salones con mesas circulares que crean un ambiente muy agradable e íntimo. Cuando vamos en grupo o en familia, no hay cosa que nos guste más que las mesas redondas,  para poder ver y hablar fácilmente con todos.  Si además estás en una especie de reservado, como ocurre en Tampu, mucho mejor.