Recuerdo que hace bastantes años, cuando ya habían transcurrido unos meses desde el inicio del curso de primero de Ciencias Físicas, unos compañeros, ya amigos, me dijeron que cuando me vieron el primer día de clase comentaron: “ésta no llega ni a Navidad”. Y, cosas de la vida, acabé mi licenciatura con uno de los mejores expedientes de mi promoción. Tengo que decir que no soy ni mucho menos una belleza, pero siempre he sido presumida, me ha gustado arreglarme y, a mis dieciocho años, me gustaba gustar.

Aunque, en mi caso, este tipo de prejuicios no impidió que decidiera estudiar Físicas, sí creo que es una de las razones más importantes por las que las niñas no quieren estudiar ciencias tecnológicas.

Minoritarias en los estudios científico-tecnológicos

Es curioso observar que, aunque las mujeres son mayoría en todos los niveles de enseñanza, son minoría aplastante en los estudios científico-tecnológicos; en España hay un 38% de chicos que estudian carreras de ciencia y tecnología (últimamente siempre se habla de STEM que son las iniciales en inglés de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas) por tan sólo un 15% de chicas. Su presencia en carreras STEM no supera el 25-30%, porcentaje que no sólo no ha aumentado en los últimos años, sino que en algunos casos ha disminuido. Esta es la razón por la que últimamente se está hablando tanto de este tema. Y es que, aunque hay quienes opinan que no pasa nada, sí que pasa. El desarrollo de nuevas tecnologías como la inteligencia artificial o la robótica no pueden dejar fuera a las mujeres. Hace poco me comentaron que un asistente de voz, a punto de salir al mercado, tenía serios problemas para reconocer voces femeninas. Como la mayoría de los desarrolladores habían sido hombres, el reconocedor apenas había sido entrenado con voces de mujeres. ¿Imagináis un mundo lleno de robots que solo atiendan instrucciones masculinas?

Los estudios sobre la evolución del mercado laboral apuntan que un número significativo de los puestos de trabajo que se crearán en el futuro requerirán de conocimientos en ingeniería y tecnología. Si tenemos en cuenta que además se corresponden con las denominadas posiciones de poder, bien remuneradas y con un alto reconocimiento social, es preocupante esta desigualdad de género que tenderá a acentuarse si no se corrige la participación de mujeres en estas titulaciones universitarias.

Numerosos estudios argumentan que las principales razones por las que las chicas no estudian materias STEM es por la baja autoestima que presentan ante esas materias y por la falta de referentes. A esto yo añadiría lo poco atractivo que los sistemas educativos hacen el estudio de estas materias y, sobre todo, a los estereotipos sociales.

Según un estudio de la revista Science,  a partir de los 6 años las niñas empiezan a verse a sí mismas menos inteligentes y brillantes que los niños, especialmente en matemáticas. Y en Secundaria, se consideran menos competentes en asignaturas vinculadas a los ámbitos científicos y tecnológicos aunque sus calificaciones sean similares o superiores Y si las niñas acaban interiorizando que son peores que los niños, esto se acaba cumpliendo. Sin embargo el estudio “Debunking Myths about Gender and Mathematics Performance“, publicado en “Notices of the American Mathematical Society” en enero de 2012, confirma que, a escala mundial, no existe diferencia de género en el rendimiento matemático. Así, aunque en España y EE.UU. los chicos sacan mejores puntuaciones en matemáticas, en Shanghai son las chicas las que obtienen mejores resultados en esta materia. Por tanto, si existiera una base biológica para esta desigualdad, los resultados no variarían de un lugar a otro del planeta.

En general las mujeres necesitamos más refuerzo positivo. Los hombres sobrestiman enormemente sus habilidades de aprendizaje, mientras que las mujeres muy a menudo tendemos a infravalorarnos. Esto ocurre en todos los ámbitos, no sólo en el estudio de las materias STEM.

Referentes femeninos

Respecto a la falta de referentes, es evidente que las mujeres tienden a desaparecer de los libros de texto. Pero no es sólo en los libros de texto, según un estudio de la Universitat de València, un 74% de las fotografías en noticias científicas muestra únicamente a hombres científicos frente a un 17% que muestra sólo a mujeres. Y en muchas de esas fotografías las mujeres no son protagonistas de la noticia sino un recurso fotográfico. Esa falta de referentes conduce a que las niñas se sientan poco identificadas con el mundo científico y tecnológico. Es muy importante dar visibilidad a referentes femeninos que sirvan de ejemplo e inspiración.

Aunque a mí siempre me gustaron las ciencias, recuerdo especialmente lo que me gustaban las clases de química de una profesora del colegio. Me gustaban tanto, que en tercero de BUP decidí que estudiaría Químicas. Luego no lo hice por otras razones pero lo cuento aquí porque creo que es fundamental que haya profesores que hagan amar la asignatura que imparten. Y para ello es esencial que los profesores sean expertos en sus materias y sean buenos comunicadores. La sociedad actual ha infravalorado la figura del profesor cuando debería ocurrir lo contrario pues son los formadores de la sociedad del mañana. Pero eso sí, este empoderamiento del profesorado debería de venir acompañado de formas más imaginativas de enseñanza de ciencias y matemáticas, que motiven a los alumnos, tanto chicas como chicos.

Y no sólo habría que cambiar la forma, la enseñanza de matemáticas y ciencias debería tener un cambio de enfoque. Como dice Milagros Sáinz, investigadora de la UOC y coordinadora de un informe sobre la escasez de mujeres en el ámbito STEM publicado por la Fundación Telefónica, “Los chicos suelen tener una visión más teórica, relacionada con el aprendizaje, por eso les llaman más la atención estas carreras. Ellas buscan la utilidad práctica, quieren que su trabajo reporte un beneficio a la sociedad, por tanto si queremos potenciar estas carreras para las mujeres hay que exponerlas por su carácter social”.

El rechazo de las niñas hacia los estudios técnicos empieza en edades bastante tempranas, de hecho, solo un 7% de las chicas de quince años quiere dedicarse a este tipo de profesiones. “Con los más jóvenes descubrimos que existen ciertos estereotipos muy marcados que dificultan a las mujeres decantarse por estas carreras” es una de las principales conclusiones del informe de Milagros Sainz con la que no puedo estar más de acuerdo. Se asocia al informático o al ingeniero con un “friki”  de pocas o nulas habilidades sociales, descuidado, desaliñado y muy poco atractivo.

Y encima aparecen series de televisión como “The Big Bang Theory” que ayudan a reforzar esa imagen. Aunque es una comedia y, por supuesto, cada personaje es una caricatura ¿a qué joven medianamente normal le atraería entrar en una carrera llena de casi inadaptados como Sheldon, Howard y Raj? ¿Y qué chica medianamente normal querría imaginarse a sí misma como la desaliñada y socialmente inadaptada Amy, en lugar de la atractiva y popular Penny, aunque no sepa nada de matemáticas y ciencias?

No es en absoluto extraño que haya niñas brillantes, en mayor proporción que niños, que traten de ocultar su talento para encajar bien con sus compañeros. Una estudiante de física estadounidense comentaba en una entrevista sobre la brecha de género en los estudios STEM: “Odio cuando las personas en un bar o en una fiesta descubren que estoy estudiando física. En el momento en que se enteran, veo cómo muchos chicos huyen”.

Y más adelante, ya en el ámbito laboral, aún se escucha a ingenieras comentar que, si quieren que se las tome en serio, para trabajar deben vestirse  de forma no excesivamente femenina.

Es absolutamente esencial asegurar, por encima de todo, que las niñas y niños no crezcan absorbiendo imágenes de los científicos y científicas como personas socialmente inadaptadas o con la etiqueta de frikis. Y es igualmente fundamental asegurar que las “niñas princesas” piensen que pueden llegar a ser fantásticas ingenieras. Y que imaginarse como ingenieras les guste.