En el Día internacional de la mujer, queremos reiterar nuestro reconocimiento y gratitud a todas las mujeres que han formado parte de nuestra vida, a las que siguen en ella y a las que iremos conociendo. Todas y cada una de las mujeres somos únicas, irrepetibles e indestructibles y, aunque ahora nos estén visibilizando de manera especial, sabemos que las mujeres siempre hemos estado ahí, desde el principio, apoyando y empujando hacia delante, sin que nada ni nadie pueda con nosotras.
Sin la generosidad de la mujer y sin su capacidad de trabajo y sacrificio, no se hubiera llegado hasta la definición y lucha por los derechos humanos, hasta el actual bienestar y progreso de muchas sociedades, y hasta los avances culturales. Aunque llevemos siglos en segundo plano, nuestra participación en la vida, la historia y la sociedad, las ha conformado como son ahora. Todos somos, en gran parte, consecuencia de todas las mujeres que forman parte de nuestra existencia.
A la primera mujer y más importante de nuestra vida, nuestra madre. La que nos ha dado la vida, la que nos acompaña hasta su último aliento. La que nos apoya, nos reprende, nos dice lo fantásticas que somos y todos nuestros fallos y defectos. La que nos perdona, hagamos lo que hagamos. La que estaría dispuesta a ir contra el mundo entero si lo necesitamos. Esa con la que tanto discutimos, pero a la que tanto nos acabamos pareciendo. Aquella que sabemos que, pase lo que pase y hagamos lo que hagamos, siempre estará a nuestro lado. A la que muchas de nosotras querremos volver cuando ya no estemos aquí.
A nuestras abuelas. Que nos quisieron casi tanto como nuestras madres. Esas que han sido en tantos casos baluartes de las familias, báculos sobre los que se sustentaba la casa, en una época complicada. Esas con las que merendábamos pan con chocolate. Esas de genio y figura hasta la sepultura. Esas que, aunque no trabajaron fuera de casa, no pararon un momento de trabajar en una época donde el trabajo de casa no era como el de ahora.
A nuestras hermanas, esas que dijimos en otra de nuestras entradas, son nuestro alter ego. Esas que han crecido con nosotras. Esas con las que nos pasamos la vida discutiendo, a las que tanto y tan poco nos parecemos. Esas que nos crispan, pero sin las cuales no sabemos vivir. Esas a las que esperamos tener hasta el final.
A nuestras hijas. Esos espíritus rebeldes, que nos alegran y nos complican tanto la vida. Esas por las que no dormimos y por las que “mataríamos”. Esas que, aún perteneciendo a otra generación, se dan cuenta de todos nuestros estados de ánimo. Esas que, aunque nos den mil disgustos, siempre tienen un gesto que compensa todos los sinsabores. Esas a las que a la vez queremos dejar volar, pero no soportamos la idea de saber que un día se irán. Esas que, aunque no se den cuenta, se acabarán pareciendo tanto a nosotras.
A nuestras amigas. A aquellas que fueron tan importantes en nuestra infancia, porque con ellas descubrimos el mundo. A las antiguas y a las nuevas. A las que están con nosotras en nuestra madurez, con las que compartimos experiencias vitales, y discutimos visiones de la vida. Esas a las que las contamos todo, incluso lo más íntimo. Esas con las que tanto nos reímos y que tanto nos exaltan. Esas que son nuestro espejo o nuestro pepito grillo. Esas con las que la tarea más monótona se torna divertida. Esas que hemos y nos han elegido.
A nuestras profesoras. Esas que han sido casi como nuestras madres. Que, sin ser perfectas nos han dado cariño casi de madres. Esas que nos han reprendido y querido a partes iguales. Esas que han dedicado su vida a enseñarnos y a formarnos, no solo intelectual sino humanamente. Esas que que estuvieron a nuestro lado bregando en un período vital de nuestra vida.
Al resto de mujeres que nos hacen más llevadero y completo nuestro día a día. A las que nos ayudan en casa, a nuestras compañeras de trabajo, que nos han echado una mano cuando hemos tenido un problema. A doctoras, enfermeras, dependientas, colaboradoras, vecinas y conocidas, que hacen nuestro día a día más sencillo y completo.
A todas esas mujeres maravillosas y multitarea que hacen la vida más fácil a los demás. A todas aquellas que, independientemente de lo reconocidas o no que hayan estado, han tenido y tienen un papel vital en la vida de los demás y, sin las cuales, sin su generosidad, su simpatía, su tenacidad, su genio, su trabajo, su esfuerzo y su tesón, este mundo habría desaparecido.
A todas ellas, a todas nosotras, Feliz Día Internacional de la Mujer.

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