Esa es la pregunta que más veces me repetí en la cabeza cuando el radiólogo, el Dr. Pérez, me comunicó la noticia que ninguna mujer está preparada para escuchar.
Era el 28 de julio a las 9.30h de la mañana. Mi ginecólogo me había pedido una biopsia de “algo” que se veía en las pruebas radiológicas realizadas en mi revisión anual, la semana anterior.
Y sin tan siquiera haber realizado la biopsia, con las imágenes de la eco y mamo que había vuelto a repetir, el Dr. Pérez me informó de que tenía un cáncer de mama y que a partir de ahora debería dedicar, mínimo, los seis próximos meses de mi vida a ello.
Por supuesto, no quería dar crédito a lo que estaba escuchando e ingenuamente me atreví a preguntar “¿Pero está seguro Doctor? ¿No hace falta esperar a los resultados de la biopsia?” A pesar de que en la época que vivimos de coronavirus y mascarillas no se puede ver la cara de los interlocutores, su mirada trasmitía conocimiento médico y su tono de voz una aplastante seguridad: “Vamos, me juego el cuello”. Esa fue su respuesta.
En aquel momento, el suelo se abrió por la mitad y mi cuerpo sin fuerzas quería caerse hasta el fondo de un agujero lejano y no salir de ahí. Por desgracia esa misma sensación ya la experimenté cuando nació mi hijo, altamente prematuro, hace 14 años, y salimos del agujero.
A partir de ahí, días de incertidumbre y noches de insomnio. No paraba de culparme por qué había retrasado la revisión ginecológica. Ya sé que era por el maldito coronavirus, pero saberlo no suponía consuelo para mí.
Acababa de cumplir 55 años, me sentía joven, en la plenitud de mi vida, con muchas ganas de hacer cosas, de disfrutar y también con muchos proyectos profesionales interesantes a la vista. Con un hijo de 14 años y una madre de más de 90 años, muy dependientes los dos de mí. Y ahora todo esto se paraba, para dedicarme exclusivamente a mí, por primera vez en muchísimos años.
Al mismo tiempo que debía colocar todos mis miedos, emociones y sentimientos en su sitio, tenía que dejar de preocuparme y pasar a “ocuparme” de lo más importante ahora para mí. En este mar de dudas, decidí contactar con un oncólogo amigo y ya fue él el que se ocupó de cogerme de la mano y marcarme la senda por este camino pedregoso. Tras la primera cita con el oncólogo, vinieron multitud de pruebas que me tuvieron en vilo día y noche hasta que me daban los resultados de cada una de ellas, no siempre tan satisfactorios como habría deseado.
Al mismo tiempo, tuve que empezar a compartir la noticia con mis seres queridos, pero se me hacía y todavía se me hace un nudo en la garganta cada vez que pronuncio la palabra cáncer y se me saltan las lágrimas. Empecé por mi familia, amigos, compañeros de trabajo…y te das cuenta que tienes mucha gente a tu alrededor que te quiere y se preocupa por ti. Así que decidí que se lo contaran unos a otros, porque no quise hablar de ello constantemente.
De estar fenomenal, con unas estupendas vacaciones programadas a Galicia después de un año durísimo, que ya pasan para el 2021, recibí el anuncio de mi oncólogo de seis meses de quimioterapia, para continuar con una cirugía y radioterapia. Un año que lo tengo que dedicar a vencer a esta maldita enfermedad. ¿Por qué yo?
Mi recomendación, por si puede servir para alguien que lo esté leyendo, es que, por favor, no demore sus revisiones ginecológicas bajo ningún pretexto.

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