Dolores nació en Barcelona en 1857, dentro de una familia acomodada. Su padre fue un alto funcionario policial, que apoyó a su hija en su insistente deseo de estudiar una carrera universitaria.
A los 17 años consiguió ingresar en la Facultad de Medicina, tras aceptar ir acompañada por escoltas, condición que le impuso su padre. En alguna ocasión, recibió alguna pedrada a las puertas de la facultad, aunque también los aplausos de la mayoría de sus compañeros estudiantes.
Estudiante brillante
Durante los cuatro cursos de medicina (1874-1879), obtuvo cinco premios. De las 20 asignaturas que cursó, consiguió quince sobresalientes y cinco notables. Sus notas reflejan su talento, amor propio, esfuerzo y vocación. Aun así, por ser mujer, el Ministerio de Educación le denegó en un primer momento la solicitud de presentarse a los exámenes de licenciatura y obtener así el título de médico. Los funcionarios del Ministerio escribieron a la universidad para verificar que Dolores se había matriculado y cursado la carrera de medicina, no siendo hombre. La universidad respondió que la habían aceptado tras haber presentado el aprobado de bachillerato.
Dolors tuvo que esperar el permiso hasta el 4 de abril de 1882. Se examinó el 19 de junio de ese mismo año y aprobó con una nota Excelente. Se convirtió así en la primera española licenciada en Medicina.
En octubre se matriculó para presentar la tesis doctoral. Escribió al catedrático Joan Giné y Partagás, posteriormente rector de la Universidad de Barcelona. Le agradecía sus consejos y apoyo “en las infinitas dificultades presentadas en mi carrera, siendo el único que ha levantado su elocuente frase apoyando al sexo débil contra los ataques del fuerte”. En la carta, expresa también sus dudas sobre el tema de su tesis: “De la necesidad de encaminar por nueva senda la educación higiénico-moral de la mujer”. No tenía claro si iba a resultar acertado defender la educación de la mujer ante un tribunal constituido por varones, que previamente le había denegado su derecho a presentarse solo por ser mujer.
Aun así consiguió doctorarse en la universidad de Madrid el 8 de octubre de 1882, cuatro días después que Martina Castells Ballespí. Se especializó en Ginecología y Pediatría.
Tesis doctoral con una dura crítica sobre la situación de la mujer
Giné le escribió: “Debería usted publicarla, siquiera no fuese más que para dar patente muestra de que es merecedora del nuevo título académico que de hoy en adelante podrá usted ostentar, y para dar por sentado que hay mujeres españolas dignas del birrete doctoral de la Medicina”. “La ley les obliga a juzgar por la aptitud científica y no por su cualidad femenina. “Compadezca su miseria”.
En la tesis incluye un mensaje continuo a favor de la equidad y la igualdad. Habla de la diferencia de cerebros y de las aptitudes de cada sexo. Repasa la situación general de la mujer: Obreras que trabajan hasta la extenuación en talleres insanos, acosadas por los hombres que, “desde el dueño al último mayordomo, se creen con derecho a empañar la honra de las infelices trabajadoras”. Campesinas que trabajan tanto o más que sus maridos y además tienen que ocuparse de los hijos y de las tareas del hogar. Ricas “que se crían débiles” para ser como “adornos”, sometidas al “afán de lujo” por aburrimiento intelectual, cautivas de los corsés que deforman sus cuerpos y ponen en peligro sus vidas (“como si lo delgado fuera equivalente de lo hermoso”).
Critica de forma muy dura el trato social a la mujer. “Hemos sumido sus músculos en la inacción; hemos apagado el fuego de su inteligencia; hemos extremado su sensibilidad física; hemos fanatizado sus sentimientos; la hemos segregado del comercio social; hémosla despojado de todo derecho político; la hemos encerrado en el hogar; la hemos desposeído de aptitudes para el trabajo y la hemos incapacitado para ganarse el sustento, inutilizándola para vivir sin tutela…” Defiende “Nunca consentiría la mujer ser tan degradada, si fuera más instruida”.
Explica que en otros países las mujeres pueden instruirse y pone como ejemplo las 200 señoritas que se licenciaron en Medicina en San Petersburgo en 1877.
Defiende un cambio social profundo, argumentando que la educación de la mujer revertirá en una mejora de la higiene, la sanidad y la cultura de los hijos, y que su talento ayudará al desarrollo de España.
Consulta en las Ramblas
Otras dos españolas también consiguieron licenciarse en medicina en la misma época, después de enfrentarse y tener que superar los mismos obstáculos: Martina Castells Ballespí y María Elena Maseras. Martina (Lérida 1852-Reus 1884) fue la primera mujer que se doctoró en Medicina, pero no pudo ejercer. Poco después de obtener la licenciatura murió prematuramente por complicaciones del embarazo. María Elena (Vilaseca, Tarragona 1853-Mahón, 1905) mientras esperaba a que autorizaran su solicitud para el examen, lo que duró varios años, decidió estudiar magisterio y, a pesar de ser médico, se dedicó a la enseñanza. De las tres, solo Dolors ejerció activamente su profesión.
En 1882 se casó con el agente de bolsa Camil Cuyàs. Tuvo dos hijos: Camil y Joan.
Durante 25 años tuvo consulta propia en Barcelona, primero en la Rambla de les Flors, 14 y después en la rambla Catalunya, 21. Allí atendió a burguesas que llevaban años con dolencias ginecológicas sin tratar “por apuro y vergüenza de acudir al médico“, a madres solteras, mujeres del barrio chino sin recursos, prostitutas… y a niños huérfanos.
Fue profesora de higiene doméstica en la Academia para la Ilustración de la Mujer, que había fundado en la Rambla de Canaletas Esmeralda Cervantes, supuesta hija del ingeniero y urbanista Ildefonso Cerdà. Impartían un programa de educación general, que incluía conocimientos de higiene, medicina doméstica, comercio, taquigrafía… Por motivos económicos dos años después tuvo que cerrar.
Publicó información y consejos orientados a mejorar la calidad de vida femenina, sobre todo en lo referido a la maternidad, entre otros Consejos a una madre sobre el régimen, limpieza, vestidos, sueño, ejercicio y entretenimiento de Los niños.
Su hijo Camil decide estudiar medicina. Durante sus prácticas en el recién inaugurado hospital Clínic de Barcelona, se contagia de tuberculosis. Murió pocos días después, con solo 23 años, sin que su madre pudiera salvarlo. Se trató de la misma enfermedad que pocos años antes había acabado con la vida del rey Alfonso XII.
Sumida probablemente en una depresión, Dolors se encerró en su residencia y no volvió a pasar consulta. Dos años después, en 1913, murió. Tenía 56 años.
En su cortejo fúnebre la acompañaron señoras de la alta burguesía, numerosas pacientes, mujeres de la calle del Raval, madres solteras y familias humildes. Unos 300 niños de la Casa de la Caritat acompañaron el féretro hasta la iglesia de Sant Joan de Gràcia.
Su marido quemó todas sus pertenencias. Casi todos sus escritos, historias de pacientes, diarios, cartas, textos de conferencias… quedaron carbonizados. Se conserva, sin embargo, la documentación de la Universitat de Barcelona, algunos recortes de periódicos y las cartas del catedrático Joan Giné.
Su tataranieta, Núria Cuyàs, creó una obra de teatro, Barbes de balena, sobre su historia, en la que refleja además la difícil situación de la mujer a finales del siglo XIX.
Más información, aquí y en La Vanguardia.

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